La reparación endovascular de aneurismas (EVAR) ha transformado el tratamiento de los aneurismas de aorta abdominal, pero introduce una preocupación de seguimiento propia: la posibilidad de una endofuga, en la que la sangre continúa fluyendo hacia el saco aneurismático a pesar de que la endoprótesis (stent graft) esté colocada. Las endofugas tipo II, el tipo más frecuente tras el EVAR, se deben en general a un flujo retrógrado a través de vasos de ramificación lateral, como las arterias lumbares o la arteria mesentérica inferior, y la embolización se ha convertido en una herramienta principal para abordarlas cuando el tratamiento está indicado.
¿Qué es una endofuga tipo II y por qué se produce?
Una endofuga tipo II se produce cuando pequeños vasos de ramificación que no fueron sellados directamente por la endoprótesis continúan aportando sangre al saco aneurismático en dirección retrógrada (hacia atrás), sorteando en esencia la exclusión del aneurisma prevista por el injerto. Entre los vasos de origen habituales se incluyen las arterias lumbares y la arteria mesentérica inferior, ambas capaces de mantener conexiones colaterales con el saco incluso después de que el flujo aórtico principal se haya redirigido a través de la endoprótesis. Este tipo de endofuga es, en general, el tipo identificado con mayor frecuencia en las imágenes de vigilancia posteriores al EVAR.
¿Por qué requieren tratamiento algunas endofugas tipo II y otras no?
No todas las endofugas tipo II requieren intervención. Muchas se resuelven espontáneamente con el tiempo, a medida que los vasos que las alimentan se trombosan de forma natural, y algunas persisten sin provocar crecimiento del saco, en cuyo caso pueden simplemente vigilarse con una continua vigilancia por imagen. El tratamiento se considera generalmente cuando una endofuga tipo II se asocia a un crecimiento continuado del saco aneurismático en imágenes seriadas, ya que el aumento de tamaño del saco sugiere que la fuga genera suficiente presión dentro de él como para representar un riesgo continuado. Esta distinción —fuga sola frente a fuga con crecimiento del saco— es un factor clave que un médico cualificado emplea para decidir si la embolización está justificada.
¿Cómo funciona la embolización del saco?
Cuando el tratamiento está indicado, la embolización del saco implica acceder al propio saco aneurismático, a menudo mediante un abordaje translumbar (una aguja que atraviesa directamente la espalda hasta el saco bajo guía de imagen) o mediante una vía transarterial basada en catéter, navegando a través de vasos colaterales hasta alcanzar el saco. Una vez establecido el acceso al saco, se despliega material embólico para ocluir tanto los vasos que lo alimentan como, en muchas técnicas, la propia cavidad del saco, con el objetivo de eliminar el flujo sanguíneo generador de presión que contribuye a la endofuga.
¿Qué implica el abordaje translumbar?
El abordaje translumbar es una técnica en la que se avanza una aguja directamente a través de la espalda, guiada por imagen de TC o fluoroscopia, hasta el saco aneurismático, evitando la necesidad de navegar a través del árbol arterial mediante vasos colaterales. Esta vía puede resultar ventajosa cuando los vasos que alimentan la endofuga son difíciles de alcanzar desde el interior del sistema arterial, ofreciendo un camino más directo para administrar material embólico dentro del propio saco. La elección entre un abordaje translumbar y uno transarterial depende de la anatomía individual y la determina el radiólogo intervencionista tratante.
¿Cómo es el seguimiento tras la embolización del saco?
Tras la embolización de una endofuga tipo II, los pacientes continúan con el mismo calendario de imágenes de vigilancia que se recomienda generalmente tras cualquier procedimiento EVAR, controlando la estabilidad del tamaño del saco y confirmando la resolución o persistencia de la endofuga. Algunos pacientes requieren un tratamiento repetido si la endofuga recidiva o si el crecimiento del saco continúa a pesar de la embolización inicial, ya que los vasos colaterales pueden a veces recanalizarse o pueden identificarse con el tiempo nuevos vasos que alimentan el saco.
Dispositivos embólicos para el manejo de la endofuga
La embolización de la endofuga tipo II se apoya en dispositivos embólicos capaces de lograr una oclusión duradera de vasos alimentadores de tamaño variable y, en algunas técnicas, de la propia cavidad del saco. INVAMED fabrica el Tapón de Embolización MultiBEAM, un dispositivo de oclusión autoexpandible con indicaciones referidas por el fabricante que incluyen el tratamiento de endofugas; encontrará más información en la página del producto Tapón de Embolización MultiBEAM. La disponibilidad y las indicaciones varían según el país, y siempre deben consultarse las Instrucciones de uso (IFU).
La disponibilidad del dispositivo y el estado regulatorio varían según el país. Comuníquese con INVAMED o su distribuidor local autorizado para obtener información regulatoria actual aplicable a su región.
