La radioembolización transarterial (TARE), que administra microesferas radiactivas directamente en tumores hepáticos a través de su aporte sanguíneo, depende de una vía vascular cuidadosamente controlada para funcionar con seguridad y eficacia. Antes de que se administre el propio tratamiento radiactivo, los radiólogos intervencionistas realizan con frecuencia un procedimiento preparatorio de cartografía y embolización específicamente destinado a redistribuir el flujo sanguíneo hepático, cerrando vasos que podrían transportar partículas de tratamiento hacia ubicaciones no deseadas. Este paso de redistribución del flujo, mediante tapones y coils, constituye una capa de seguridad crítica que sustenta el éxito de la TARE.
¿Por qué es necesaria la redistribución del flujo antes de la TARE?
El aporte arterial del hígado no es un sistema simple y aislado: pequeños vasos de ramificación pueden conectar el árbol arterial hepático con órganos cercanos, como el estómago, el duodeno, el páncreas y la vesícula biliar, o con los pulmones a través de derivaciones microscópicas dentro del propio hígado. Si las microesferas radiactivas destinadas a un tumor hepático viajaran a través de una de estas conexiones durante la TARE, podrían depositar radiación en tejido no diana, con el potencial de lesionar órganos que nunca se pretendió tratar. La embolización de redistribución del flujo se realiza de antemano precisamente para cerrar estos vasos problemáticos antes de administrar el tratamiento de radioembolización.
¿Qué vasos suelen ser el objetivo durante este procedimiento de cartografía?
Durante el procedimiento preparatorio de angiografía y cartografía, el radiólogo intervencionista identifica vasos extrahepáticos —ramas que normalmente irrigan estructuras distintas del hígado, pero que se originan cerca o desde el árbol arterial hepático— que podrían transportar de forma inadvertida partículas de tratamiento fuera del hígado. Entre los vasos habitualmente abordados en este paso se incluyen la arteria gastroduodenal y la arteria gástrica derecha, entre otros, dependiendo de la anatomía individual. Se utilizan coils o, en algunos casos, tapones vasculares para ocluir estos vasos de forma permanente, redirigiendo el flujo sanguíneo de forma más exclusiva hacia el hígado y, en concreto, hacia los segmentos con tumor previstos para el tratamiento.
¿Cómo contribuyen los tapones y los coils a este objetivo, cada uno a su manera?
Los coils se utilizan con frecuencia para esta aplicación, porque los vasos que son objetivo de la redistribución —como la arteria gastroduodenal— suelen tener un tamaño y una longitud adecuados para el empaquetamiento de coils, y la precisión que ofrecen los sistemas de coils desmontables favorece una colocación exacta en estrecha proximidad a otros vasos de ramificación importantes. Los tapones vasculares pueden seleccionarse en algunos casos en los que se prefiere una oclusión de un solo dispositivo y de longitud definida para un segmento vascular concreto. La combinación de dispositivos utilizada depende de la anatomía específica cartografiada durante el procedimiento preparatorio.
¿Cómo se relaciona este paso preparatorio con la planificación de la dosimetría?
La redistribución del flujo se realiza habitualmente en la misma sesión, o en estrecha coordinación, con un paso diagnóstico que implica una pequeña dosis de prueba de un trazador radiactivo, lo que ayuda al equipo tratante a calcular una estimación de la derivación pulmonar y a planificar la dosis terapéutica de radioembolización. Garantizar que los vasos extrahepáticos estén adecuadamente ocluidos antes de este paso de cartografía ayuda a que el patrón de flujo resultante sea más representativo de lo que ocurrirá durante el tratamiento real, favoreciendo una planificación más precisa.
¿Qué ocurre si la redistribución del flujo es incompleta o un vaso se reabre?
En algunos casos, un vaso que se consideraba adecuadamente ocluido durante el procedimiento de cartografía puede recanalizarse, o puede hacerse evidente una rama previamente no identificada en el momento de la administración real del tratamiento, razón por la cual muchos equipos tratantes repiten la evaluación angiográfica inmediatamente antes de administrar la propia dosis de radioembolización, incluso después de una sesión previa de cartografía y embolización. Este abordaje escalonado y basado en la verificación refleja la prioridad que se otorga a la protección no diana a lo largo de todo el proceso de preparación de la TARE.
Dispositivos que respaldan la preparación de la TARE
La embolización de redistribución del flujo requiere dispositivos capaces de una oclusión duradera y precisa de vasos de ramificación extrahepáticos de tamaño variable durante la preparación de la TARE. INVAMED fabrica el Tapón de Embolización MultiBEAM, con indicaciones referidas por el fabricante que incluyen la preparación para la TARE, junto con opciones basadas en coils para vasos más adecuados a la oclusión empaquetada. Encontrará más información en la página del producto Tapón de Embolización MultiBEAM. La disponibilidad y las indicaciones varían según el país, y siempre deben consultarse las Instrucciones de uso (IFU).
La disponibilidad del dispositivo y el estado regulatorio varían según el país. Comuníquese con INVAMED o su distribuidor local autorizado para obtener información regulatoria actual aplicable a su región.
