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Peripheral Arterial Disease (PAD)April 10, 2025INVAMED Medical Affairs

Claudicación: el dolor en la pierna que anuncia la EAP

La claudicación es un dolor en la pierna que aparece al caminar y cede con el reposo. Descubra por qué ocurre, cómo señala la EAP y cómo se evalúa habitualmente.

Un patrón concreto de molestia en la pierna —calambres o dolor sordo que aparecen de forma constante tras caminar una determinada distancia y que se desvanecen a los pocos minutos de detenerse— es uno de los signos más reconocibles de la enfermedad arterial periférica. Este patrón, conocido como claudicación intermitente, suele ser el primer síntoma que llama la atención del paciente o del médico hacia la EAP. Reconocer lo que distingue a la claudicación de otras causas de dolor en la pierna es un primer paso importante en la evaluación.

¿Qué es exactamente la claudicación?

La claudicación describe el dolor muscular, los calambres o la fatiga que se presentan en la pantorrilla, el muslo o el glúteo durante la marcha u otro esfuerzo, y que ceden tras un breve período de reposo, solo para reaparecer al reanudar la marcha. Se debe a un desequilibrio entre la demanda de oxígeno del músculo en actividad y el aporte sanguíneo disponible a través de una arteria estrechada situada más arriba. En reposo, el flujo sanguíneo reducido a través de una arteria parcialmente obstruida suele seguir siendo suficiente para las necesidades basales del músculo, pero durante el esfuerzo la demanda aumenta más rápido de lo que el vaso estrechado puede suministrar, produciendo el dolor característico.

¿En qué se diferencia la claudicación de otros dolores en la pierna?

Una de las características distintivas más útiles de la claudicación es su consistencia y reproducibilidad: muchos pacientes pueden describir que caminan aproximadamente la misma distancia antes de que comience el dolor, aproximadamente en el mismo punto previsible, cada vez. Esto contrasta con el dolor de origen musculoesquelético, que puede variar con la postura o el tipo de actividad más que con la distancia recorrida, o con el dolor de origen nervioso, que a menudo no cede tan rápidamente con el simple reposo. Los médicos utilizan este patrón, junto con la exploración física y la palpación de pulsos, para ayudar a distinguir la claudicación de otras causas frecuentes de molestia en la pierna relacionada con la marcha, como la neuropatía o la estenosis espinal.

¿Cómo se evalúa la claudicación?

El índice tobillo-brazo suele ser la primera prueba diagnóstica que se emplea cuando se sospecha claudicación, comparando la presión arterial en el tobillo con la del brazo para estimar el grado de estrechamiento arterial. Si el índice sugiere una EAP significativa, pueden emplearse estudios de imagen adicionales, como la ecografía dúplex o la angio-TC, para localizar la obstrucción y planificar cualquier tratamiento posterior. La gravedad y la localización de la claudicación, junto con el grado en que limita la función diaria del paciente, ayudan a orientar si es adecuado un manejo conservador o una intervención más activa.

¿Cómo se trata habitualmente la claudicación?

Para muchos pacientes, los programas de marcha supervisada son un enfoque de primera línea bien respaldado, ya que el ejercicio regular puede mejorar la distancia de marcha con el tiempo al favorecer el desarrollo de circulación colateral y mejorar la eficiencia muscular. El control de los factores de riesgo —incluyendo dejar de fumar, controlar la presión arterial y el colesterol, y manejar la diabetes— es igualmente importante, ya que estos factores impulsan el proceso aterosclerótico subyacente. Cuando la claudicación limita de forma significativa la calidad de vida a pesar de las medidas conservadoras, o cuando la obstrucción subyacente es grave, el médico tratante puede considerar tratamientos basados en catéter, como la angioplastia o la colocación de stent.

Cuándo entra en juego el tratamiento con dispositivos

Para los pacientes cuya claudicación no responde adecuadamente al ejercicio y al control de factores de riesgo, o cuya obstrucción es lo bastante grave como para justificar un tratamiento más activo, las opciones incluyen la angioplastia con balón, los stents autoexpandibles y la tecnología de balón liberador de fármaco, diseñada para reducir la probabilidad de que la arteria vuelva a estrecharse. Estos dispositivos y la vía de tratamiento más amplia para la EAP se describen con mayor detalle en la página de enfermedad arterial periférica de INVAMED, y la selección de cualquier dispositivo concreto la determina el médico tratante.

¿Cuándo debería la claudicación motivar una consulta médica urgente en lugar de una rutinaria?

Si el dolor en la pierna comienza a aparecer en reposo, especialmente por la noche, o si aparecen cambios cutáneos nuevos, heridas que no cicatrizan o un pie frío y pálido, se trata de síntomas de alarma que deberían motivar la búsqueda de atención médica inmediata. La claudicación habitual sin estas características se evalúa típicamente en un entorno ambulatorio estándar.


La disponibilidad del dispositivo y el estado regulatorio varían según el país. Comuníquese con INVAMED o su distribuidor local autorizado para obtener información regulatoria actual aplicable a su región.

Revisado por: INVAMED Medical Affairs

Este contenido está destinado a la formación de profesionales sanitarios y no constituye asesoramiento médico. Consulte siempre las guías clínicas y las instrucciones de uso del producto.

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