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Urology & Incontinence ManagementJuly 1, 2021INVAMED Medical Affairs

Opciones de tratamiento de la HPB: de la medicación a la intervención

Opciones de tratamiento de la hiperplasia prostática benigna explicadas, desde la conducta expectante y la medicación hasta los procedimientos mínimamente invasivos.

La hiperplasia prostática benigna (HPB) —un agrandamiento no canceroso de la glándula prostática— es una de las afecciones más frecuentes en los hombres a medida que envejecen, y se informa habitualmente que su prevalencia aumenta con cada década a partir de los 50 años. Los síntomas del tracto urinario inferior (STUI) que produce, entre ellos un chorro urinario débil, la micción frecuente y la necesidad de orinar por la noche, pueden ir de leves a notablemente molestos. Las opciones de tratamiento de la HPB abarcan desde la simple vigilancia hasta la intervención quirúrgica, y comprender este abanico ayuda a los pacientes a hablar con su médico sobre el punto de partida más adecuado.

¿Cuál es el primer paso en el manejo de la HPB?

Para los hombres con síntomas leves que no afectan de forma significativa a su calidad de vida, la conducta expectante suele ser el enfoque inicial. Esto implica una vigilancia periódica de los síntomas sin tratamiento activo, junto con ajustes conductuales sencillos, como reducir la ingesta de líquidos por la noche o moderar el consumo de cafeína y alcohol. Dado que los síntomas de la HPB pueden fluctuar, un seguimiento regular permite al médico comprobar si la afección está progresando y si conviene pasar a un tratamiento más activo.

¿Qué medicamentos se utilizan habitualmente para la HPB?

Habitualmente se emplean dos clases principales de fármacos para la HPB. Los alfabloqueantes actúan relajando el músculo liso de la próstata y el cuello vesical, y a menudo proporcionan alivio sintomático en cuestión de días a semanas. Los inhibidores de la 5-alfa-reductasa actúan de forma más gradual, con el objetivo de reducir el tejido prostático a lo largo de meses al bloquear la conversión hormonal que impulsa el crecimiento glandular. A algunos pacientes se les prescribe una combinación de ambas clases cuando los síntomas y el tamaño de la próstata lo justifican. La elección del medicamento, la dosis y la duración del tratamiento las determina el médico tratante en función de la gravedad de los síntomas, el tamaño de la próstata y otros factores de salud individuales.

¿Cuándo entran en consideración los procedimientos mínimamente invasivos?

Cuando los síntomas persisten a pesar de la medicación, o cuando el paciente prefiere evitar el tratamiento farmacológico a largo plazo, pueden plantearse procedimientos mínimamente invasivos. Estos incluyen una variedad de técnicas diseñadas para reducir el tejido prostático obstructivo o remodelar el canal urinario con un tiempo de recuperación menor que el de la cirugía tradicional. Las opciones de esta categoría varían en su mecanismo de acción —algunas emplean energía basada en calor, otras técnicas mecánicas o láser—, y la elección entre ellas depende del tamaño de la próstata, la anatomía del paciente y la valoración del urólogo tratante.

¿En qué se diferencian las opciones quirúrgicas de los enfoques mínimamente invasivos?

Los procedimientos quirúrgicos tradicionales, como la resección transuretral de próstata (RTUP), siguen siendo una opción bien establecida, particularmente para próstatas de mayor tamaño o síntomas más graves. En comparación con las alternativas mínimamente invasivas, la resección quirúrgica generalmente se asocia a un período de recuperación más largo y a un perfil de riesgo distinto, pero también cuenta con una amplia trayectoria de mejora sintomática. Elegir entre las vías mínimamente invasivas y las quirúrgicas no consiste en que una sea universalmente mejor que la otra: depende del tamaño de la próstata, las comorbilidades del paciente y el equilibrio entre las expectativas de recuperación y el control sintomático a largo plazo que el paciente y el médico acuerden en conjunto.

¿Qué factores orientan la elección entre las distintas opciones?

Varios factores suelen moldear la conversación sobre el tratamiento: la gravedad de los síntomas medida mediante cuestionarios validados, el volumen prostático en las pruebas de imagen, la presencia de complicaciones como retención urinaria o infecciones recurrentes, la edad y el estado de salud general del paciente, y las preferencias personales respecto a los efectos secundarios sexuales asociados a ciertos medicamentos y procedimientos. Dado que el manejo de la HPB es muy individualizado, es un médico cualificado quien determina la idoneidad de cualquier vía concreta tras una evaluación completa.

¿Son los procedimientos mínimamente invasivos para la HPB un tratamiento único?

Muchas opciones mínimamente invasivas están diseñadas para proporcionar un alivio sintomático duradero, aunque, como con cualquier procedimiento prostático, algunos hombres pueden experimentar recurrencia de los síntomas con el tiempo, ya que el tejido prostático puede seguir creciendo. El seguimiento a largo plazo con un urólogo ayuda a determinar si en algún momento es necesario un tratamiento adicional.


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Revisado por: INVAMED Medical Affairs

Este contenido está destinado a la formación de profesionales sanitarios y no constituye asesoramiento médico. Consulte siempre las guías clínicas y las instrucciones de uso del producto.

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