El futuro de los determinantes sociales de la salud: abordar las desigualdades estructurales
El discurso en torno a los **Determinantes Sociales de la Salud (SDOH)** ha evolucionado significativamente, yendo más allá de los factores a nivel individual hacia una comprensión más profunda de las fuerzas estructurales que dan forma a los resultados de salud. Históricamente, la investigación se ha centrado en determinantes inmediatos como el acceso a alimentos saludables, educación e ingresos. Si bien estos siguen siendo cruciales, un consenso cada vez mayor enfatiza la necesidad de mirar más hacia arriba, reconociendo que las desigualdades sistémicas y la opresión estructural son impulsores fundamentales de la salud de la población.
La opresión estructural abarca sistemas interconectados de discriminación en diversos ámbitos sociales: educativo, económico, social, político, penal-legal y sanitario. Estos sistemas crean y perpetúan la subordinación relacional de grupos socialmente desfavorecidos, reforzando creencias discriminatorias y una distribución desigual de recursos. Los ejemplos incluyen el racismo estructural, el sexismo estructural y otras formas de sesgo sistémico que se manifiestan en drásticas desigualdades dentro de los acuerdos institucionales. El futuro de la investigación e intervención de SDOH radica en abordar de manera integral estas formas de opresión complejas, multinivel, multifacéticas, interconectadas, sistémicas e interseccionales.
Avanzar en nuestra comprensión de estos impulsores estructurales requiere enfoques innovadores para la medición y la infraestructura de datos. Una recomendación clave es utilizar teorías estructurales interdisciplinarias para guiar el desarrollo de medidas sólidas y válidas de opresión estructural. Esto implica reconocer que la opresión opera en niveles macro (por ejemplo, políticas a nivel estatal), meso (por ejemplo, prácticas organizacionales) y micro (por ejemplo, ideologías internalizadas). Además, la opresión estructural es multifacética, está integrada en varias instituciones y está interconectada, lo que significa que las desigualdades en un ámbito a menudo refuerzan las de otros, como la segregación residencial racial que afecta la educación, el empleo y el acceso a la atención médica.
Para capturar con precisión estos fenómenos complejos, los estudios futuros deberían operacionalizar las formas estructurales de opresión utilizando medidas empíricas basadas en la teoría. Esto incluye el empleo de enfoques de variables latentes, que son muy adecuados para minimizar el error de medición y modelar sistemas complejos no observados como el racismo estructural y el sexismo. La incorporación de medidas legales, culturales e ideológicas de opresión estructural proporcionará una comprensión más integral de su influencia generalizada. Además, investigar la geografía de la opresión estructural (identificar “puntos calientes” de entornos discriminatorios) es crucial para intervenciones específicas. Examinar las vías sociales y los mecanismos biológicos que conectan la opresión estructural con la salud arrojará más luz sobre los vínculos causales.
En última instancia, es esencial contar con una infraestructura nacional de datos accesible al público y fácil de usar sobre medidas contextuales de la opresión estructural. Esta infraestructura facilitaría la investigación obligatoria financiada con fondos públicos para analizar las inequidades en salud en relación con las condiciones estructurales y depositar datos en un repositorio central. Tales esfuerzos irían más allá de las soluciones a nivel individual, fomentando cambios sistémicos que reduzcan las inequidades en salud y mejoren la salud general de la población. Al centrarnos en el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que configuran las condiciones de la vida diaria, podemos trabajar por un futuro más equitativo y saludable para todos.
