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Medical ConditionsFebruary 22, 2026Standard Technology

¿Cómo se diagnostica y trata la enfermedad arterial periférica (EAP)?

Obtenga información sobre el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad arterial periférica (EAP), incluidas pruebas de ITB, imágenes, modificaciones del estilo de vida, terapias farmacológicas e intervenciones de procedimiento. Esta descripción académica proporciona información objetiva sin asesoramiento médico.

¿Cómo se diagnostica y trata la enfermedad arterial periférica (EAP)?

La enfermedad arterial periférica (EAP) es una afección circulatoria frecuente caracterizada por el estrechamiento de las arterias, lo que reduce el flujo sanguíneo a las extremidades, más comúnmente a las piernas. Esta afección es una manifestación de la aterosclerosis sistémica, una enfermedad progresiva en la que se acumula placa dentro de las arterias. El diagnóstico temprano y el tratamiento eficaz son cruciales para prevenir complicaciones graves, incluida la pérdida de extremidades y eventos cardiovasculares. Esta descripción académica explora las metodologías de diagnóstico y las intervenciones terapéuticas para la EAP, enfatizando los enfoques basados en evidencia sin brindar asesoramiento médico.

Diagnóstico de la enfermedad arterial periférica

El proceso de diagnóstico de la EAP implica una evaluación clínica integral, pruebas fisiológicas y estudios de imágenes avanzados. El objetivo principal es confirmar la presencia de PAD, localizar las arterias afectadas y evaluar la gravedad de la enfermedad [1].

Índice tobillo-brazo (ITB)

El índice tobillo-brazo (ITB) es una prueba fundamental no invasiva a pie de cama que se utiliza para el diagnóstico inicial y la clasificación de la gravedad de la EAP. Implica comparar la presión arterial sistólica medida en el tobillo con la medida en el brazo. Se aplica un manguito de presión arterial manual al tobillo y se utiliza una sonda Doppler para localizar la arteria tibial posterior o dorsal del pie. El manguito se infla hasta que desaparece la señal arterial, luego se desinfla lentamente y la presión a la que reaparece la señal se registra como presión sistólica del tobillo. Este procedimiento se repite para ambas arterias pedalas y la pierna contralateral. La presión sistólica braquial se obtiene de manera similar en ambos brazos, y la mayor de las dos presiones braquiales se utiliza como denominador para el cálculo del ITB [1].

Un valor de ABI entre 0,90 y 1,40 se considera normal. La EAP se diagnostica cuando el ITB es de 0,90 o menos. Los valores se clasifican de la siguiente manera:

  • **EAP leve:** ITB de 0,70 a 0,90, a menudo asociado con presentación asintomática o claudicación intermitente.
  • **PAD moderada:** ITB de 0,50 a 0,70; normalmente se presenta con claudicación más frecuente y distancia recorrida reducida.
  • **EAP grave o isquemia crónica que amenaza las extremidades (CLTI):** ITB inferior a 0,50, frecuentemente acompañado de dolor isquémico en reposo, heridas que no cicatrizan o pérdida de tejido [1].

Es importante tener en cuenta que un ITB superior a 1,40 puede indicar arterias calcificadas no comprimibles, algo común en pacientes con diabetes o enfermedad renal crónica. En tales casos, se necesitan pruebas alternativas como el índice dedo-brazo (TBI) o la ecografía dúplex para una evaluación precisa, ya que los resultados del ITB pueden ser poco fiables [1].

Diagnóstico por imágenes

Una vez que se sospecha o confirma la EAP, se emplean estudios de imágenes para caracterizar la extensión de la enfermedad y guiar posibles intervenciones. La ecografía dúplex suele ser la modalidad de imagen de primera línea debido a su accesibilidad, seguridad y capacidad para visualizar la morfología arterial y cuantificar la estenosis de forma no invasiva. Combina imágenes en modo B con análisis Doppler para evaluar las velocidades del flujo sanguíneo y la morfología de las formas de onda. Un índice de velocidad sistólica máxima (PSV) superior a 2,0 sugiere una estenosis del 50 % o más, mientras que un índice superior a 4,0 indica una estenosis del 75 % o más [1].

Para una evaluación anatómica más detallada, particularmente cuando se considera la revascularización, se utilizan la angiografía por tomografía computarizada (ATC) y la angiografía por resonancia magnética (ARM). La CTA proporciona imágenes de alta resolución pero implica contraste yodado y exposición a radiación. La ARM, utilizando contraste de gadolinio, evita la radiación. La angiografía por sustracción digital (DSA) sigue siendo el estándar de oro para las imágenes vasculares, a menudo reservada para pacientes sometidos a terapia endovascular, ya que permite el diagnóstico y la intervención simultáneos [1].

Tratamiento de la enfermedad arterial periférica

El tratamiento de la EAP tiene como objetivo aliviar los síntomas, prevenir la progresión de la enfermedad y reducir el riesgo de eventos adversos cardiovasculares y de extremidades importantes. Las estrategias de tratamiento abarcan modificaciones del estilo de vida, intervenciones farmacológicas y terapias de procedimiento [1].

Modificaciones en el estilo de vida

Los cambios en el estilo de vida constituyen la piedra angular del tratamiento de la EAP. **Dejar de fumar** se reconoce como el factor de riesgo modificable más crítico, que afecta significativamente la progresión de la enfermedad y el pronóstico general. **La terapia de ejercicio supervisada** ha demostrado mejoras sustanciales en la distancia recorrida sin dolor y en la capacidad funcional de pacientes con claudicación intermitente. Estos programas generalmente implican caminar hasta el punto de claudicación moderada, descansar y luego reanudar, durante 30 a 45 minutos, 3 a 4 veces por semana, durante un mínimo de 12 semanas. Además, el **asesoramiento nutricional** y el cumplimiento de una dieta saludable para el corazón son esenciales para reducir el riesgo aterosclerótico y promover la salud cardiovascular [1].

Manejo farmacológico

La terapia farmacológica desempeña un papel vital en el manejo de la EAP y sus riesgos cardiovasculares asociados:

  • **Agentes antiplaquetarios:** Se recomiendan medicamentos como la aspirina o el clopidogrel para reducir el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y muerte vascular.
  • **Estatinas:** Todos los pacientes con EAP están indicados para el tratamiento con estatinas, independientemente de sus niveles de LDL, con un objetivo de C-LDL de menos de 70 mg/dL para mitigar los eventos cardiovasculares.
  • **Control de la presión arterial:** Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) o los bloqueadores de los receptores de angiotensina (BRA) se utilizan para controlar la hipertensión, lo que se ha relacionado con mejores resultados.
  • **Control glucémico:** Un control estricto de la glucemia es crucial para que los pacientes diabéticos minimicen las complicaciones microvasculares y macrovasculares [1].

Para el alivio sintomático de la claudicación, se puede recetar cilostazol, un inhibidor de la fosfodiesterasa III, a pacientes sin insuficiencia cardíaca. El cilostazol mejora la distancia recorrida y reduce los síntomas de claudicación al promover la vasodilatación arterial e inhibir la agregación plaquetaria. Los beneficios clínicos suelen observarse en un plazo de 8 a 12 semanas [1].

Terapias de procedimiento

Para pacientes con claudicación que limita el estilo de vida y refractaria al tratamiento médico o aquellos con CLTI, pueden ser necesarios procedimientos de revascularización. Estos incluyen:

  • **Procedimientos endovasculares:** La angioplastia transluminal percutánea y la colocación de stent se prefieren para lesiones focales, particularmente en las arterias ilíaca y femoral superficial. Sin embargo, su éxito técnico y su durabilidad pueden disminuir con oclusiones totales de segmentos largos [1].
  • **Intervenciones quirúrgicas:** La cirugía de derivación, que desvía el flujo sanguíneo alrededor de una arteria bloqueada mediante un injerto venoso o un conducto sintético, se considera para pacientes con enfermedad extensa, terapia endovascular fallida o anatomía no adecuada para una intervención percutánea. La endarterectomía, la extirpación quirúrgica de la placa aterosclerótica, es otra opción, que comúnmente se realiza en la arteria femoral común. En casos graves en los que la revascularización no es factible o ha fracasado, puede ser necesaria una amputación, que puede ir desde procedimientos menores en un dedo del pie hasta una pérdida importante de una extremidad [1].

Conclusión

El diagnóstico y tratamiento de la enfermedad arterial periférica requieren un enfoque multifacético, que integre evaluación clínica, pruebas fisiológicas e imágenes avanzadas para evaluar con precisión la enfermedad. Las estrategias de tratamiento combinan modificaciones cruciales del estilo de vida, terapias farmacológicas dirigidas y, cuando sea necesario, procedimientos de revascularización. La intervención temprana e integral es fundamental para mejorar los resultados de los pacientes, preservar la función de las extremidades y reducir los importantes riesgos cardiovasculares asociados con la EAP. Esta discusión académica subraya la importancia de un enfoque holístico e individualizado para la atención de la EAP, guiado por la evidencia y las guías clínicas actuales. Es importante consultar con un profesional de la salud para obtener asesoramiento médico personalizado y planes de tratamiento.

Referencias

[1] Zemaitis, M. R., Boll, J. M., Kato, M. y Golla, M. S. (2025). Enfermedad arterial periférica. En *StatPearls*. Publicación de StatPearls. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK430745/

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